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El arte cortesano

Título: “El arte cortesano y los emergentes eróticos del
siglo XVIII”
Autor: Prof. Alfredo Benavídez Bedoya
Caracterización somera del estilo Rococó.
Por estilo Rococó se entiende al conjunto de
creaciones surgidas durante el siglo XVIII que juntas
conforman un programa coherente con las necesidades
culturales de la monarquía absoluta. Su lugar de apogeo es
Francia, pero al ser ampliamente exportado a toda Europa e
incluso a América, su desarrollo se puede seguir en muchos
lugares diferentes.
El nombre del estilo proviene de las cartelas
decorativas donde se entremezclan las plantas, las
banderas, los elementos arquitectónicos y los amores
alados. La “rocalla” fue diseñada por Bernard Toro y
publicada en 1716 en París, pero el verdadero maestro de la
decoración en rocalla es Juste-Aurele Meissonnier el cual
dejó grabados que fueron tomados como modelos para la
decoración de la gran arquitectura, el mobiliario, la
tapicería y los objetos menores.
La concha marina, de gran persistencia simbólica en
todas las culturas, es el eje decorativo y está asociada a
la idea de fertilidad y reproducción, siendo sus
características formales alteradas y estilizadas con
criterio libre y sensual. La curva es el elemento dinámico
sobre el cual se estructura el dibujo y la asimetría una
necesidad estilística que motiva la gran ductilidad de la
decoración. En cuanto al color, es de enorme importancia y
en pintura se adopta la paleta cromática de Rubens, el cual
había sido a su vez influido por la pintura veneciana del
Renacimiento tardío.
El estilo Rococó integra todas las artes, olvidando
las supuestas jerarquías entre ellas y tendiendo hacia una
interrelación que vuelva coherente el gran programa
artístico, conformado por: la arquitectura, la jardinería,
la pintura, la escultura, el mobiliario, la cerámica, la
tapicería y la orfebrería. Es un intento totalizador que
tiene como precedente la estética medioeval, centrada en la
catedral, y como prolongación al ART-NOVEAU y la propuesta
integradora de la BAUHAUS. En todos estos casos se busca un
perfil totalizador, que supere la fragmentación de las
distintas disciplinas y las sumerja en un programa global
que pueda ser articulado con intenciones religiosas,
políticas y sociales.
En el caso del Rococó este ánimo es tan evidente
que los grandes trabajos decorativos quedaban bajo la
dirección de un responsable, el cual pautaba el trabajo de
los demás artistas, estableciendo gamas de colores, temas
de representación, formatos y materiales. Dicho director
tenía a su vez como guía el gusto establecido en la corte
(el “Gran Gout”) y sostenido institucionalmente por las
Academias creadas por Luis XIV:
- Pequeña Academia de Inscripciones y
Medallas (1663)
- Academia de Pintura y Escultura (1655)
- Academia Francesa en Roma (1666)
- Academia de Arquitectura (1671)
Es justamente la Academia Francesa en Roma la
institución que albergará a los artistas franceses
destacados, y permitirá el influjo del arte del Barroco
romano en la decoración Rococó primero y luego la evolución
del programa neoclásico en Francia. Este último surgirá
como consecuencia de las precisiones arqueológicas dadas
por el descubrimiento de las ruinas de Herculano (1719) y
Pompeya (1748), y el afán racional de la Ilustración en
busca de modelos clásicos de probada seriedad.
El neoclasicismo coexistirá durante el siglo XVIII
con el Rococó, pero será en definitiva el estilo de
reemplazo cuando caiga la Monarquía Absoluta. El poder
representado por ésta nos hablaba mediante el Rococó desde
el placer, este rasgo es absolutamente original, el Poder
se muestra frívolo, decorativo, eróticamente desenfadado,
gracioso, agradable y sensual. Con la Revolución Francesa
el poder volverá a ser representado a través de la norma,
el equilibrio, el carácter, el ascetismo y el control
intelectual. Pero el descontrol sensual del Rococó no se
olvidará pues aún hoy sus objetos, muebles e interiores
siguen asociados al prestigio.
La corte de Versalles.
Versalles, pabellón de caza de Luis XIII, será el
lugar elegido por los reyes de Francia para concentrar
simbólica y efectivamente el Poder y la Administración. El
Palacio que hoy se conoce lo levantará Luis XIV en treinta
años desde 1668 hasta 1708; conservando el pequeño castillo
de su padre, dejará todo a la imaginación del arquitecto Le
Vau y de Mansart, quien supervisará los trabajos hasta su
finalización. Los grandiosos jardines se deben a Le Notre,
quien los comenzará adelantándose a la obra arquitectónica
debido a la necesidad de plantar y poblar los páramos,
desecar las ciénagas y controlar las aguas.
La elección del lugar está asociada al placer pues
de pabellón de caza pasará a ser refugio de las intrigas de
París y lugar para amores tranquilos. Luis XIV con sus
vastos trabajos dará asiento a la Corte y al Gobierno; en
sus edificios se establecerán sus príncipes de la sangre,
los Ministros, los bastardos reconocidos y los oficiales de
la Corte. Todas las viviendas de la localidad de Versalles
serán expropiadas y Mansart construirá el Gran Común,
enormes volúmenes habitacionales. Los edificios destinados
a los servicios, sobre todo las Grandes Caballerizas, darán
lugar a una monumental Plaza de Armas.
Este modelo para el asentamiento de la cúpula del
Poder será copiado en toda Europa, los siguientes son los
palacios que pueden ser considerados satélites de Versalles:
- Palacio Real de Londres.
- Palacio Real de Madrid.
- Palacio Real de Bruselas.
- Palacio Real de Lisboa.
- Palacio Real de Berlín.
- Palacio Real de Viena.
- Palacio Real de Estocolmo.
- Palacio Real de San Petersburgo.
- Palacio Real de Copenhage.
La corte seguirá al Rey y ambos estarán instalados
a partir de 1682, al principio con incomodidad y luego con
lujo ostentoso, ambos continuarán con el protocolo y
ceremonial de la vida cortesana. Esta última es una
operación política de control de los grandes del reino, a
los cuales se los atrae para hacerlos participar en un
ceremonial simbólico, que los asocia al poder y los aleja
de las regiones donde tienen desde siempre la raíz de su
propio poder. Francisco I, en el Renacimiento, fue quien
comenzó dicho ceremonial en el dominio real de
Fontainebleau, si bien es una operación política común a
todas las concentraciones de poder absoluto. La Corte
(court: corral o patio cerrado) será el lugar del
artificio, donde en forma figurada toda la clase dirigente
aristocrática coincidirá y será seducida por el gran
espectáculo del Poder ejercido desde un centro único.
En Versalles la Corte tendrá distintas
características con los distintos reyes hasta la Revolución
Francesa.
Con Luis XIV la etiqueta se transforma en dogma, se
vuelve rigurosa y ritual siendo el Rey su primer servidor.
Los rangos prerrogativos, derechos de precedencia y los
gestos más cotidianos son establecidos y ritualizados con
el fin de mantener la pirámide del poder cohesionada bajo
la mirada del soberano. Todo es grandioso, el arte sirve en
esta época a la necesidad espectacular y un poco operística
del fasto real. Los muebles son altos y pesados, las
pinturas y tapices de gran formato y la arquitectura
faraónica.
Los cortesanos dejan sus tierras en manos de
administradores y se establecen en Versalles, gastando
enormes sumas en mantener un nivel de vida adecuado. Al
descuidar su patrimonio, el cortesano poco a poco
transformará su posición en la corte en un sostén económico
mediante el cobro de comisiones gracias al tráfico de
influencias.
Luis XV en cambio tuvo una actitud distinta en
cuanto al ceremonial. Siendo una persona tímida y dada a la
depresión, buscó en el ámbito privado la tranquilidad que
necesitaba. Se evade del ceremonial establecido, al punto
que llega a transformar el ritual del despertar en una
farsa, pues lo duplicaba despertando realmente en su
habitación y luego yendo al dormitorio de Luis XIV para
cumplir con la ceremonia requerida. Incluso los asuntos de
estado los despachaba de las habitaciones más íntimas; no
llegó a modificar el protocolo pero su actitud se
diferenció de la de Luis XIV, fundador del gran artificio
en ese escenario privilegiado que era Versalles.
Luis XVI y su mujer María Antonieta introducirán
una cierta libertad en el ceremonial, sobre todo ella,
desde que era delfina siempre trató de aliviar la etiqueta.
Mujer caprichosa e insatisfecha, al acceder al trono tan
joven y adulada multiplicó los juegos y placeres frívolos,
transformándose en el paradigma de la cortesana, gracia que
pagará con su cabeza cuando los adustos revolucionarios la
juzguen.
La fiesta Galante. Costumbres sexuales y amorosas en el
siglo XVIII.
El Rey, fuente de todo Poder, es en la sociedad
francesa de la época un modelo social que se imita. El y
quienes lo rodean, o sea la Corte, consagran las modas,
determinan hábitos y costumbres y proyectan sus actividades
sobre la burguesía. Existe la creencia generalizada que el
libertinaje del siglo XVIII es propio de una clase
decadente a punto de perder el trono. Pero, en realidad las
costumbres sexuales transgresoras de la aristocracia
cortesana habían sido aceptadas por la burguesía, pues si
no fuera así no se explicarían los permanentes adulterios y
relaciones “non sanctas” que abundan en toda la literatura
francesa del siglo XIX (Sthendal, Maupassant, Zola,
Flaubert, Balzac, etc.).
Las costumbres sexuales tormentosas no son por
supuesto patrimonio de la aristocracia francesa del siglo
XVIII, pues es sabido que siempre las clases que ejercen el
control social se permiten a su vez comportamientos más
flexibles. Pero es indudable que en esta época se tiende a
blanquear, a oficializar e incluso a proponer como modelo
desde el poder, conductas que en otras épocas hubieran
causado escándalo.
El mismo Rey fomenta esto al hacer casi ostentación
de sus relaciones amorosas paralelas. En el caso de Luis
XIV la lista de amantes nos ilustra y nos brinda detalles
importantes:
- Madame de Montespan (1641-1707): hija segunda del
Duque de Mortemar. Casada con el Marqués de Montespan a
partir de 1667 sedujo a Luis XIV y durante quince años fue
su amante, teniendo de él siete hijos.
- Madame de Maintenon (1635-1719): plebeya, hija de
un aventurero. Fué la nodriza de los hijos de Madame de
Montespan y es la responsable de haber introducido a Luis
XIV en el gusto por la intimidad y el rechazo por la pompa.
Tuvo además otras favoritas, como Louise de La
Valliére, que no constituyeron “reinados” tan firmes como
las anteriores.
Su hijo, Luis XV, continuó con estas costumbres
poligámicas; fueron sus amantes:
- Madame de Mailly: hija mayor del Marqués de
Nesles. Primera amante oficial.
- Madame de Vintimille: segunda hija del Marqués de
Nesles. Llamada por su hermana y casada con el Marqués de
Vintimille de Luc, morirá al darle un hijo al Rey, al que
llamarán “medio Luis” por su parecido con el soberano.
- Duquesa de Chateauroux: quinta hija del Marqués
de Nesles. De 22 años y ya viuda del Marqués de la
Tourelle, es llamada a Palacio, enamora al Rey, desplaza a
su hermana y consigue un Ducado. Muere a los 27 años de una
pulmonía.
- Madame de Pompadour: de origen burgués, hija del
especulador financiero Le Normant d’ Etoiles. En julio de
1745 se convierte en Marquesa de Pompadour y el 14 de
septiembre del mismo año es presentada oficialmente. De
ella nos ocuparemos más detalladamente más adelante.
El Parque de los Ciervos: nombre de una propiedad
que antiguamente pertenecía al pabellón de caza de Luis
XIII y en la nueva urbanización ocupó un lugar alejado y
conveniente. En esta pequeña casa el Rey recibía y tenía
instaladas mujeres jóvenes de origen humilde y de identidad
desconocida. Solamente se ha conservado el nombre de la
Morphise, seudónimo afrancesado de la señorita O’Murphy,
irlandesa de origen, la cual había posado reiteradamente
para el pintor Francois Boucher (dos de las versiones se
analizan gráficamente) y éste se la presenta al Rey, quien
queda encantado por el carácter alegre de la irlandesa.
- Madame de Barry: llamada Ana Bécu, de padre
desconocido y amante de grandes señores durante cinco años.
Es introducida en la Corte por Juan du Barry y el criado de
cámara del Rey. Nombrada luego Condesa de Barry; María
Antonieta al casarse con el futuro Luis XVI se opondrá
furiosamente a esta favorita.
Se desprende de esta lista que los criterios de
selección real no tienen en cuenta para nada el origen
social de las favoritas. Nobles, burgueses y plebeyas
elegidas por su juventud y belleza, son ennoblecidas y
presentadas oficialmente en la Corte cuando sus atributos
sensuales y sus habilidades les permiten controlar al
soberano. Los bastardos reales reconocidos reciben títulos
de nobleza y su número creciente hace que un pabellón del
Palacio de Versalles se dedique a ellos.
Estos verdaderos matrimonios paralelos harán que el
protocolo de la Corte cambie completamente. Por un lado se
desarrollará la gran pompa con la presencia efectiva de la
mujer legítima, y por el otro discurrirá la vida íntima y
verdadera: las reuniones placenteras pero llenas de
influencia política de los pequeños gabinetes. La
discreción ostentosa de estas relaciones impulsará el gusto
por el pequeño ambiente, los muebles, los objetos,
decoraciones y tapices acompañarán esta miniaturización del
gran ornato olímpico y heroico, que era obligado hasta el
reinado de Luis XIV. Esta moda impuesta por las costumbres
sensuales, encontrará eco en todo el mundo conocido donde
era el gusto francés el paradigma de lo exquisito. La
burguesía ascendente no será sorda a este llamado pues
hasta nuestras abuelas en pleno siglo XX se sentían cómodas
entre réplicas de objetos y muebles Luis XV.
El equivalente natural del pequeño apartamento
Rococó es el jardín cercado o el rincón apacible en medio
del bosque. Este escenario de reminiscencias pastoriles es
ocupado en la pintura de Watteau, Boucher y Fragonard, por
personajes cortesanos vestidos a la usanza del salón y
entretenidos en amarse con discreción mientras beben, se
distraen con la música y el teatro. Se trata de la “fete
galante”, una fiesta galante y campestre que tiene como
antecedente las innumerables ninfas sorprendidas durante el
baño, las Kermeses flamencas y los conciertos campestres
del Renacimiento.
El dormitorio o cámara de la casa burguesa o
aristocrática pasará de mostrar la estabilidad virtuosa del
matrimonio (los esposos Arnolfini-Van Eyck), a relatar las
pasiones amorosas que encontrarán en éste ámbito la
privacidad necesaria. Las sábanas, mantas y colgaduras
ilustrarán con sus movimientos tortuosos el frenesí
erótico: Fragonard en una serie de dibujos llega incluso a
vincular los furiosos ritmos de la ropa de cama con
incendios en la misma, buscando metaforizar con esto las
explosiones propias del orgasmo.
Las indicaciones simbólicas sobre la lujuria y el
amor sin frenos son múltiples en la pintura Rococó:
pequeñas mesas con maquillajes, peines y frascos de
perfume, manzanas dispuestas sobre una silla, flores
entregadas o caídas en el piso, el aseo femenino convertido
en espectáculo sensual y multitud de cartas y mensajes
cifrados que denotan la clandestinidad como costumbre en
las relaciones amorosas del siglo XVIII. Los muebles
seguirán esta evolución, se crean nuevos tipos de pequeñas
dimensiones y exquisita decoración y se compartimenta el
espacio de la cámara mediante biombos y colgaduras.
La pintura galante: Watteau, Boucher y Fragonard.
La pintura francesa del siglo XVIII tuvo una unidad
programática muy grande y una correspondencia con su
entorno perfecta. Sus antecedentes e influencias son varias:
a) La pintura de género flamenca: ésta ejerció un
profundo impulso sobre la francesa al tratar temas de la
vida cotidiana, temas picarescos, paisajes y marinas, todo
resuelto en pequeños formatos y con una técnica suelta pero
certera en la definición representativa. Adrián Van Ostade,
Veermer, Pieter de Hooch, Jacob Van Ruisdael, Gabriel Metsu
y David Teniers son los artistas a los cuales los franceses
siguieron en sus escenas cotidianas y de la vida galante.
b) La paleta colorista del Barroco católico
representado en Flandes por Rubens, el cual había tomado
dicho cromatismo de la pintura veneciana. Los desnudos
Rococó tienen también un gran parentesco sensual con los de
Rubens, si bien los pintores franceses parecen preferir
para sus desnudos a mujeres de menor edad de la que tenían
las modelos de Rubens. Asimismo la gordura se contiene un
poco y la estatura desciende.
c) Distintas manifestaciones artísticas que se
encuentran en la fiesta galante tienen influencia en el
desarrollo de la pintura: el teatro francés, la Comedia
dell’Arte, las mascaradas, la danza y la música. Sin su
concurso la pintura perdería gran parte de su temática,
puesto que en el “artificio” que ellas representan era el
núcleo lúdico de la fiesta galante.
Antoine Watteau (1684-1721) es el artista que abre
la investigación sensual de la pintura Rococó. Su obra
contiene los elementos plásticos básicos de la escuela y su
registro simbólico anuncia en clave poética las precisiones
eróticas de Boucher y Fragonard. Sus datos biográficos son
imprecisos pero existe acuerdo en que Watteau pinta la
fiesta galante desde afuera. No fue un cortesano. Fue
rechazado al intentar ganar el premio de Roma y cuando
quiso ingresar en la Academia.
Sus protectores fueron sus primeros maestros
Guillot y Audran, los comerciantes en arte Mariette, Sirois
y Gersaint, y el Tesorero Real Pierre Crozat. Salvo este
último los demás tenían una relación tangencial con la
Corte basada en los encargos y en el comercio. Crozat en
cambio recibió a Watteau en sus dominios de Nogent-Sur-
Marne donde el pintor estudió los 19.000 dibujos de
maestros italianos que poseía y practicó el paisaje donde
acostumbró ambientar a sus parejas galantes.
Debido a que el canónigo Haranger convenció al
pintor ya enfermo de t uberculosis a que destruyera las
obras que incluían desnudos, no es posible calibrar la
intención erótica que tuvo Watteau. Pero es evidente que su
ensoñación poética, su melancolía cromática y su necesidad
de representar estados de ánimo leves y delicados, lo
alejan del sensualismo de Boucher y Fragonard.
Francois Boucher (1703-1770) fue un virtuoso
natural que a los veinte años ya había ganado el Primer
Premio de la Academia; dominó la pintura, el dibujo, el
grabado al aguafuerte, la tapicería y la pintura mural e
incluso preparó bocetos que fueron llevados al “biscuit”
por Falconnet, para la Manufactura de Porcelana de Sevres.
Un artista polifacético dentro de un programa artístico
polifacético: el Rococó; en él los límites y fronteras
entre los géneros y disciplinas se diluyen para conformar
una unidad en su planificación, concepción y realización.
A los 31 años recibe el primer encargo de la Corte
y luego ya será un proveedor constante de los dispositivos
decorativos destinados a las residencias reales. Trabajó
para los aristócratas más encumbrados y también para los
ricos especuladores burgueses, que competían en esos años
con la misma Corte en el lujo y el buen gusto. La Marquesa
de Pompadour, favorita de Luis XV lo protegió y lo ayudó a
completar su carrera artística. Boucher además de enseñarle
el dibujo y el aguafuerte, pintó su retrato, escenas
chinescas y sobrepuertas; en 1755, Madame de Pompadour lo
convirtió en Inspector en Jefe de la Real Manufactura de
Gobelinos y su hermano le consiguió el cargo de Primer
Pintor del Rey.
Es por lo tanto Francois Boucher, un pintor
cortesano que accede al núcleo del poder que alterna con
los principales aristócratas participando de sus gustos y
caprichos y adaptando su pintura a las diferentes artes que
eran contenidas en el proyecto decorativo Rococó. Incluso
trabajó mucho para el Teatro y la Opera, gran pasión de la
clase dirigente que vivía sumergida en una trama social y
hacía del artificio su paradigma. Dibujó decorados y
múltiples vestuarios para los ballet de moda, así como
grandes escenografías para la Opera.
El erotismo centrado en la figura femenina desnuda
es una constante de la pintura de Boucher. A la diosa Venus
le dedicó cincuenta cuadros, quien junto a las Ninfas, las
Musas y los Amores protagonizan el centro de sus desvelos
sensuales. La mujer de Boucher es heredera de la matrona
barroca de Rubens, pero más pequeña y con una gordura más
contenida, el color de la piel femenina lo elabora con
tonos perlados, gran delicadeza en el tratamiento de los
valores y cuando necesita resaltar la línea, lo hace
mediante el rojo, insinuando de esta forma la categoría
carnal de la Materia. Una de sus modelos, Madmoiselle
Louise O’Murphy (ya citada en este trabajo), pareció
representar para Boucher un ideal femenino nuevo, algo más
redondo y vulgar, sin la afectación de los anteriores.
Diderot lo aborrecía y escribió a propósito de
Boucher en el Salón de 1765: “Este hombre lo tiene todo,
excepto la verdad”. Esta afirmación es pertinente aunque es
también cierto que era el placer y no la verdad el
combustible primero del estilo Rococó.
Jean-Honoré Fragonard (1732-1806) nació en Provenza
y al haberse mudado la familia a París, fue su madre la que
lo presenta en el taller de Boucher, el cual lo rechazó y
se lo envió a Chardín para que lo preparara. Solamente
después de un tiempo Boucher lo aceptó por un período de
cuatro años. En 1753 se pudo inscribir en la Escuela Real
de Alumnos Protegidos para estudiar con Carle van Loo, pero
seguirá siempre más cercano al estilo de Boucher. Al ganar
el Premio de Roma dedicó su estadía en Italia a la copia de
los pintores romanos y al estudio del paisaje natural, el
cual sería protagonista de su futura pintura galante.
Fragonard quiso convertirse en pintor de historia
sin lograrlo; este afán era legítimo pues la pintura de
historia constituía el género mayor y tanto el retrato,
como el paisaje y la pintura de género eran considerados
menores. Fue en esta última en la que el artista descolló
agregando una paleta mucho más brillante y natural al
estilo de Boucher. La crítica ha tratado y sigue tratando
de minimizar el contenido erótico evidente que se presenta
en la obra de Fragonard; este juicio proviene del ascetismo
neoclásico ya latente antes de la Revolución Francesa, y
que se consagraría decididamente en 1789. Incluso una
libertina como Madame du Barry, favorita de Luis XV,
rechazó cuatro pinturas que le había encargado a Fragonard
para su nuevo pabellón de Louveciennes, y las reemplazó por
obras neoclásicas de Vien.
Las pinturas: “Los amantes”, “Fuego a la
pólvora”, “El columpio”, “Dos amigas”, “Sacando la camisa”
y muchos de sus dibujos, no dejan lugar a dudas sobre la
picaresca erótica presente en su obra. En “Fuego a la
pólvora”, varios amores acercan antorchas a las zonas
erógenas de una mujer dormida (vagina y pezones), surgiendo
la excitación sexual. El caso del columpio es más
paradigmático todavía, en él se ve a una joven empujada por
su marido mientras muestra su falda abierta al amante que
la observa escondido. Esta pintura fue encargada por el
barón de Saint-Julien y el supuesto marido era un obispo
que creía que sólo él gozaba de los favores de la joven en
cuestión. Los juegos de cama entre mujeres que hay en su
obra no sugieren lesbianismo, lo muestran encantador; las
parejas de amantes en la cama que pinta Fragonard exaltan
las relaciones sexuales, no las esconden. Es ridículo
pretender lo contrario cuando el pintor hizo todo esto
apelando a calidades plásticas indiscutibles y en
consonancia con el sensualismo temático. La vibración de
las formas, la pincelada libre y certera, la paleta cálida
y la frescura general nos muestran que la anécdota
transgresora está perfectamente interpretada por su
capacidad plástica.
Esta pintura de “boudoirs”, también
llamada “pinture des seins et des culs”, llegará a la
gráfica, la cual ilustrará la abundante literatura erótica
con grabados de escenas de sexo explícito.
La pintura intimista de J. Chardin
Jean Baptiste Chardin nació en Paris en 1699. Su formación
la completó en la Academia de San Lucas, desde donde egresó
como "maestro- pintor". En 1728 es admitido en la Academia
Real de Pintura y Escultura y comienza a producir pinturas
de género y a exponer en los Salones de Arte.
Es presentado ante el Rey Luis XV a quién ofrece dos
pinturas y a partir de ese momento comienza su carrera
académica, siendo elegido consejero de la Academia en 1743
y tesorero de la misma en 1755. Gracias a estos cargos
académicos se le otorgan pensiones reales que llegan a las
1400 libras anuales y un alojamiento en el Palacio del
Louvre.
Su hijo Jean-Pierre se dedica a la pintura, pero las
relaciones con Chardin no fueron buenas por motivos
patrimoniales, el hijo estudia en Roma y muere a los 36
años en Venecia, esta muerte puede haber sido producto de
un suicidio.
A partir de ese momento Chardin parece retirarse de la
escena, renuncia a su cargo de Tesorero de la Academia,
intenta en vano conseguir una jubilación y muere en 1779.
La pintura de Chardin discurre por caminos distintos que
los seguidos por Watteau, Boucher y Fragonard. Los recursos
plásticos, las anécdotas y los personajes son diferentes..
Su obra denota la influencia de la pintura de género de
raíz flamenca, su carácter intimista, de pequeño formato,
rango claroscurista y sabor popular, nos dan la seguridad
de estar ante una línea estilística heredera de la pintura
de los países bajos.
Dentro de su producción se pueden apreciar dos líneas de
trabajo distintas, una compuesta por pinturas de
realización acorde con el Grand Gout, de factura académica
y monumentalidad incluso en la naturaleza muerta, y otra
donde la sensibilidad en el tratamiento está más presente y
eso lo acerca a un perfil más moderno.
Chardin utiliza en sus naturalezas muertas un juego entre
la escala disímil de los distintos objetos que se reúnen en
el conjunto elegido. La oposición, comparación e
integración de los objetos se potencia por el pequeño
formato de las composiciones.
En el retrato de sus personajes anónimos y en las escenas
domésticas que pinta, encontramos el interés que ciertos
artistas rococó (Greuze sería otro) manifiestan por las
clases bajas en clave costumbrista, interés que compartían
sus clientes y que llevó a la misma María Antonieta a jugar
a la vida pastoril en una granja levantada a tal efecto en
los jardines de Versalles.
Son muy interesantes las cuatro pinturas que son
diagramadas en los dibujos, donde los personajes producen,
experimentan u observan elementos de gran inestabilidad y
precariedad, como son un trompo girando, una burbuja de
jabón a punto de tomar vuelo, el instante de concentración
antes de comenzar a dibujar, o la pieza suspendida en el
aire en el juego de la payana (osselets en francés).
Estos instantes congelados, verdaderas instantáneas de
aquella época, sugieren la preocupación del pintor por lo
efímero de la vida o la fascinación por el instante y la
posibilidad de detener el tiempo.
Es en la exquisita factura pictórica donde encontramos el
verdadero genio de Chardin, factura que anticipa el
impresionismo, al mostrar la pincelada y al darle a lo
inacabado rango de obra de arte válida.
La porcelana, reflejo de costumbres en el siglo XVIII.
Esta cerámica durísima, de pasta blanca
transparente, fue una verdadera pasión en el siglo XVIII.
Todo tipo de objetos poblaron los salones manufacturados en
porcelana: jarras, palanganas, juegos de te, café,
chocolate, toda la vajilla necesaria para comer,
candelabros, arañas, pipas, puños de puertas y bastones,
chimeneas, apliques planos de porcelana en los muebles,
juegos de toilette e incluso habitaciones enteras
recubiertas de este material. Las planchas de porcelana se
sostenían con marcos de bronce dorado, continuando la
tradición Rococó de relacionar materias diversas.
La historia de la porcelana comienza en China en el
siglo II DC y fue Marco Polo el que la hace famosa en
Occidente. Desde ese momento, las especulaciones y leyendas
sobre su composición son enormes pero será recién en 1709
que Johann Bottzer, joven alquimista del Rey Augusto I,
descubrirá su secreto: la calidad especial de la tierra, el
caolín aliado a los feldespatos.
En síntesis el proceso es el siguiente:
a) El objeto recibe una primera cocción alrededor de 700-
800°, quedando poroso aún.
b) Se le aplica una pasta diluida llamada cubierta.
c) Una segunda cocción a 1450° consigue la fusión química
de varios componentes.
d) El objeto luego de ser enfriado paulatinamente es
decorado con colores a base de óxidos metálicos.
e) Se vuelve a enviar al horno hasta 800-900° para
consolidar la decoración.
La porcelana decorada solamente con azul, está
decorada bajo cubierta luego de la primera cocción. Este
color es el único que soporta la segunda a 1450°. Cuando la
porcelana no presenta cubierta tiene la superficie opaca y
se la llama “biscuit” (bizcocho).
La primera manufactura fue la de Meissen, pues allí
fue descubierta y en ese castillo los técnicos quedaron
casi prisioneros de Augusto de Sajonia. Pero poco a poco
los secretos se fueron revelando y se establecieron
fábricas en toda Europa:
1717 - Manufactura de Viena
1720 - Manufactura de Vezzi
1725 - Manufactura de Chantilly
1735 - Manufactura de Doccia
1738 - Manufactura de Vincennes
1743 - Manufactura de Capodimonte
1744 - Manufactura de Bow
1744 - Manufactura de San Petesburgo
1745 - Manufactura de Chelsea
1749 - Manufactura de Berlín
1751 - Manufactura de Worcester
1752 - Manufactura de Hochst
1753 - Manufactura de Nymplenburg
1756 - Manufactura de Sevres
1759 - Manufactura de Buen Retiro
Estas son las más importantes pero hubo muchas
otras, pues proteger una manufactura de algo que ya era la
gran moda del siglo fue la ocupación de muchos
aristócratas. La teoría de Colbert de fundar manufacturas,
para que el dinero quedara en el país y no se fuera al
importar porcelana de Oriente; también tuvo repercusión.
Las fábricas abastecían sobre todo a la Corte pero también
se abrieron negocios a su costado y vendedores ambulantes
la distribuían. Si bien era un artículo caro, la cantidad
de manufacturas hizo que los precios bajaran y obligaron
incluso a las firmas a apelar a la publicidad.
Debido a que Occidente tardó tres siglos en obtener
una porcelana aceptable, la que se importaba de Oriente
acostumbró a los europeos en el gusto por las “chinerías”.
Los temas y motivos exóticos, la decoración extraña, los
trajes de los personajes y los paisajes orientales, fueron
apreciados y copiados hasta 1735 en que esta moda declinó.
Aparecen de a poco escenas europeas herederas de la pintura
de género holandesa, pero en seguida se generaliza la
decoración “a lo Watteau”. El Rococó se adueñará de éste
nuevo soporte, sumando sus escenas y personajes a los de la
Comedia dell’Arte italiana.
En Francia luego de ser trasladada a instancias de
Madame de Pompadour, de Vincennes a Sevres, la Manufactura
Real de Porcelanas dominó Europa al ser quien dictaba el
gusto. Al preferir una pasta tierna de poco caolín, la
paleta francesa fue mucho más vasta y delicada, siendo sus
dos colores más conocidos el intenso azul “bleu du Roi” y
el rosa Pompadour.
Los decoradores se especializaban en un tipo
determinado (flores, guirnaldas, animales, pájaros,
figuras) y los objetos acompañaban en la forma a los
muebles y al plan general de la decoración. Las escenas
galantes, arcádicas y mitológicas provienen de la pintura
de Watteau, Boucher, Fragonard y más tarde de Greuze y
Chardin.
Etienne-Maurice Falconet fue director de la sección
de escultura de Sevres y dispuso que los biscuit fueran
elaborados por los escultores del siglo XVIII: Duplessis,
Pigalle, Lemoyne, Houdon y el propio Falconet modelaron
para la Manufactura dándole a este género una gran dignidad
plástica.
Los objetos de porcelana contribuyeron enormemente
al placer, a la fiesta galante en la que se comía, se reía
y se amaba alegremente con la ingenua convicción, de que el
estado de todas las cosas no sería nunca alterado.
Cronología sumaria de la evolución de la danza en Italia y
en Francia.
La consolidación disciplinaria de la Danza clásica es de
esta época, la raíz de sus contenidos rítmicos tiene que
ver con las maneras, modales, saludos y todo la mímica de
la fiesta galante. En ella encontramos a la teatralidad y
al galanteo como el lugar de encuentro y de realización del
contacto social; es la danza entonces un arte mayor
practicado por toda la corte, arte mayor que a medida que
se vaya volviendo complejo necesitará de bailarines
profesionales, los cuales lo transformarán en un
espectáculo.
1489- Banquete-Ballet ideado por Bergonzio di Botta en
ocasión del casamiento de Galeazzo, Duque de Milán, con
Isabel de Aragón.
1581- Ballet Comique de la Reine de Baldassarino da
Belgiojoso. Compuesto para celebrar los esponsales del
Duque de Joyeuse con Margarita de Lorena por orden de
Catalina de Médicis.
1582- Publicación del Ballet Comique , constituyendo la
primera constancia impresa de un ballet.
1588- Primer libro francés consagrado a la práctica de la
danza: Orquesografía de Thoinot Arbeau. En esa obra se
describen las danzas cortesanasentonces en boga:
- la pavane
- la Gaillarde
- la Vlote
- la Courante
- la Allemande
- la Gavotte
- la Morisque
-19 formas de la Branle.
1661- Luis XIV crea la Real Academia de Danza.
1681- Se estrena en Saint-Germain el ballet: Le triomphe de
l`amour en el cual Lully hace actuar por primera vez a las
bailarinas. Antes bailaban las nobles cortesanas.
1726- La bailarina Marie Camargo adopta el zapato sin tacón
y acorta el vestido en varias pulgadas, para mostrar la
pantorilla y dejar ver los pasos realizados.
1734- La bailarina Marie Sallé apareció bailando en el
teatro Covent Garden: "sin tontillo, falda ni corpiño y con
el cabello suelto. No tenía aderezo alguno en la cabeza.
Fuera del corsé y de la enagua no llevaba sino un simple
vestido de muselina drapeada alrededor del cuerpo a la
manera de una estatua griega".
1760- Publicación de las Lettres sur la Dance et les
Ballets de Jean Noverre. Obra fundamental sobre las teorías
y las leyes del Ballet.
Proponía: "Suprimir las horribles pelucas, quemar las
ridículas pelucas, abolir los incómodos tontillos,
desterrar los rellenos de las caderas, reemplazar la rutina
por el buen gusto, indicar un atavío más noble, más exacto
y más pintoresco, exigir acción y expresión al danzar,
demostrar la distancia que hay entre la técnica mecánica y
el genio,
que coloca a la danza junto a las artes imitativas.
La música francesa de la época.
El arte rococó en música apela a la “sensibilité”, la cual
no toleró nunca la sencillez, gustaba de los adornos y los
recursos elaborados. Se crean óperas pastoriles y óperas
ballet en las cuales los nobles vestidos de pastores,
interpretaban roles no tan complejos ni exigentes.
En esta época la textura musical se empobrece y las
melodías eran desmenuzadas, es por esto que los motivos
musicales se repetían con insistencia y esta repetición
llegó a ser la marca categórica del style galant.
Lully fue el gran compositor barroco y a su sombra después
brillaron Pascal Colasse (1699- 1709), Marc Charpentier (
1634- 1704), AndréDestouches (1662- 1749), Francois
Couperin (1668- 1733) y el gran compositor Jean Phillipe
Rameau
Acontecimientos teatrales en Francia y en Italia
El teatro y la ópera de Italia tuvieron un impacto decisivo
en la evolución de La fiesta Galante francesa, los
principales autores, algunos personajes teatrales y las
instituciones de formación o de control del gusto en estas
artes, surgen como influencia de la vitalidad cultural
italiana.
En el siguiente cuadro se observa este fenómeno cultural.
1637- Inauguración del primer teatro de ópera en Venecia.
1645- Óperas italianas se presentan en Paris, llevadas por
Mazarino.
1653- Los comediantes italianos se instalan en Paris.
1664- Moliere. Tartufo.
1665- Moliere- Don Juan.
1665- El actor italiano Giratori crea en Paris el personaje
de Pierrot, a semejanza de los personajes de la Comedia del
Arte.
1671- La Iglesia autoriza a que las mujeres suban a la
escena.
1672- Lully crea la Academia de Música.
1680- Se crea la Commedie Francaise.
1759- Se suprimen en Paris los asientos en los escenarios.
El último hecho resaltado ( la supresión de los asientos en
la escena) es muy sintomático dado a que hasta esa fecha
los asientos en la escena era ocupados por los reyes,
aristócratas, o por los personajes más importantes
presentes. Esto nos habla a las claras del carácter
ficticio, ficcional o teatral de la Corte, de sus
convenciones o de sus protocolos.
La Comedia del Arte aparece en 1520, creada aparentemente
por Ángelo Beolco con su pequeño grupo de teatro de Padua.
Tiene una estructura teatral abierta, la cual mediante
pequeñas líneas de libreto (los canovacci) dejaban un gran
espectro para la improvisación, la cual con los años se irá
perdiendo.
La Comedia del Arte fue adoptada inmediatamente por la
Fiesta Galante francesa, llegando a producir personajes
similares a los italianos. Dos de ellos seran Pierrot y
Gilles (retratado por Watteau). Por eso corresponde resumir
aquí las características de los personajes de la Comedia
del Arte:
Arlequín: Criado. Astuto, necio, indolente,. Su vestido
está lleno de parches que luego serán rombos al
estilizarse. Máscara de cuero negro con grandes bigotes.
Brighella: Criado. Mejor consejero, más vicioso, va vestido
de blanco con pompones verdes. Su máscara está coronada con
una boina.
Polichinela: Criado. Napolitano, con joroba y traje blanco.
Cantor, filósofo, resignado. Su máscara es negra con nariz
ganchuda. En Francia deriva en Monsieur Guignol y es una
marioneta.
Colombina: Criada. Compañera de Arlequín pero pretendida
por el amo, coqueta y hermosa.
Pantaleón: Amo. Rico veneciano, tacaño, desconfiado,
libidinoso y con hija casadera. Lleva una capa negra, jubón
rojo, máscara negra con chivita blanca y nariz ganchuda.
Tiene mucho poder económico.
El Doctor: Amo. Es Doctor de la Universidad de Bolonia,
ignorante, confuso y obvio. Viste de negro con lechugino
blanco, casquete negro y sombrero de grandes alas.
El Capitán: Amo. Representa el Poder militar. Es español,
fanfarrón, cobarde, pusilánime y parlanchín. Tiene un
espadón y usa sombrero de plumas.
Los Enamorados: la hija de Pantaleón y el hijo del Doctor.
La Comedia del Arte aborda a las clases sociales y a sus
contradicciones en clave satírica, vemos enfrentarse a los
amos con los criados (los zanni) para permitir el triunfo
del amor y ver unirse a los enamorados, los cuales parecen
constituir un estamento liberador de las tensiones del
mundo real.
Los emergentes eróticos:
Las favoritas reales.
Si bien este tipo de cortesanas siempre existió y a
juzgar por las revistas de actualidad aún existen, es en el
siglo XVIII y en Francia donde concentraron más poder,
ejerciéndolo en el plano cortesano pero además en la
política, la diplomacia, las costumbres y la cultura
general.
De todas ellas es seguramente la más famosa Jeanne
Antoinette Poisson, Marquesa de Pompadour. Nacida de una
aventura extramatrimonial de su madre, con el señor Le
Normand d’Etiolles, el cual tomó muy enserio su supuesta
paternidad, la llevó con él, la educó y la terminó casando
con su sobrino Carlos Guillermo Le Normand d’Etiolles. Era
por lo tanto una plebeya protegida por la alta burguesía;
esto constituyó un escándalo mayúsculo cuando se transformó
en favorita de Luis XV, llegando a fracturar la Corte en
dos partidos antagónicos.
Madame de Pompadour lo consiguió gracias a su
atractivo físico y a su inteligencia, pero curiosamente
todas las fuentes y chismes aseguran que la favorita era
torpe o tal vez frígida para los juegos sexuales.
Una crónica de la época nos cuenta: “la señora era
fría para el amor hasta el exceso y trató de despertar su
helada naturaleza tomando chocolate perfumado con triple
vainilla, trufas y menestras de apio, lo cual no fué bueno
para su salud”. Esto dio pie a la teoría de que era ella la
que abastecía de mujeres jóvenes el harén que Luis XV tuvo
en la casa llamada Parque de los Ciervos, incluso se dice
que la irlandesa O’Murphy llegó allí con el consentimiento
de la Marquesa. Si bien hay testimonios de los celos que
sufría por estos enjuagues de su amante, es lógico pensar
que era una buena medida pues estas jóvenes por su
impericia y origen azaroso no podían sustituirla a ella en
los salones.
Es un hecho que Madame de Pompadour fue un
personaje clave para la cultura cortesana francesa de su
época. Estudió dibujo y aguafuerte con Francois Boucher,
organizó el teatro en Versalles donde se representaron
multitud de piezas de teatro y ballet, recibió a Voltaire y
los Enciclopedistas, se ocupó de la tapicería y la
porcelana llegando a crear la célebre Manufactura de Sevres.
Sobre las licencias sexuales de éste círculo
cortesano se han escrito toneladas de chismes, así que
vamos a apoyarnos en un documento revelador, una carta dada
a publicidad por Robert de Montesquieu-Fezenzac, amigo
íntimo de Marcel Proust y subastada a comienzos del siglo
XX en el Hotel Drouot:
“Querida condesa Baschi.
Lo que le voy a contar no es precisamente poético.
El marqués de R., que como usted sabe, no es precisamente
delicado en sus gustos, pasó ayer la noche con una
comedianta y al final de la cena, estando los dos ...
encantadores, el marqués no encontró nada mejor que
desvestir a su Venus y, preparando una salsa para
espárragos la colocó en un lugar que no voy a nombrar pero
que usted comprenderá y se dedicó a comer los espárragos
mojándolos en su salsa. Parece que le gustó, (qué piensa
usted de ello?). Espero su respuesta pero, por el momento,
no puedo dejar de reírme de un placer tan original.
La Marquesa de Pompadour”
La favorita se ríe y al hacerlo nos revela que los
alcances de la fiesta galante sobrepasan los besos furtivos
robados a las pequeñas pastoras en un rincón del bosque.
Estas costumbres encontraron un eco inmediato en la pintura
sensualista Rococó, al punto de adecuar sus temas, su
paleta, sus formatos y su ejecución a los gustos libertinos
de la época.
La otra amante de Luis XV digna de mención es la
Condesa du Barry. Nacida como Juana Becu, de padre
desconocido y con una madre inconstante y turbulenta, fue
bien educada y luego de su adolescencia muy buscada por los
hombres debido a su gran belleza. En la casa de juego de
Madame Duquesnoy conoce a un vividor, el Conde Juan du
Barry, él va a ser quien la introduzca en la Corte usando
al alcahuete del Rey, el señor Lebel. Ya instalada en
Versailles es casada con el hermano solterón de Juan du
Barry, por iniciativa del Rey y para que se respetara la
tradición que aconsejaba que la amante del Rey fuera mujer
de otro aristócrata.
Madame du Barry repitió como favorita el paisaje
creado en la Corte por la Pompadour, se crearon dos grupos
antagónicos en contra y a favor de su presencia, tuvo que
combatir a varias aspirantes nuevas y se enfrentó al
desprecio de los hijos del Rey, los mismos que, a Madame de
Pompadour la llamaban Mamá Puta o Madame Puta.
Paul Reboux describe así el modo de vida cortesano
de esta época: “El amor era el único fin de la vida. No
pedía a los amantes más que guardasen un poco las
apariencias. El libertinaje se apoderaba de las gentes y no
abandonaba a los viejos. El adulterio estaba admitido, y
los maridos no exigían a sus mujeres una virtud de la que
ellos carecían, no usando casi nunca sus derechos. Y que
audacia la de la corrupción de la Corte!! El joven Rey
vivía como el Gran Turco, en medio de un harén.”
Madame du Barry no intervino en la política como
Madame de Pompadour, pero su gusto por el lujo no tenía
límite, llegando a instalarse en el Palacio de
Louvenciennes. Para decorar uno de los pabellones se lo
compromete a Fragonard y es en este momento en que el gusto
cortesano cambia preanunciando el neoclasicismo. De todas
formas la favorita vivió allí rodeada de porcelanas,
tapices, pinturas, por una pequeña corte de aduladores y
también por sus amantes con los cuales engañaba al
mismísimo Rey.
Todo termina cuando Luis XV muere de viruela en
1774. Su hijo y María Antonieta la desprecian profundamente
y la obligarán a replegarse a su Palacio en brazos de su
amante, el Duque de Brissac. Con él pasará los últimos
quince años de su vida, hasta que la justicia
revolucionaria decida terminar con el desenfreno cortando
sus despreocupadas cabezas.
Los emergentes eróticos:
El Marqués de Sade.
La literatura erótica y amorosa, es osada y
abundante en el Siglo de las Luces; éstas últimas parecen
especialmente cuidadosas en iluminar la intimidad de la
alcoba. Tal vez se trate de una revancha natural contra la
opresiva religión, al desarrollarse el pensamiento sobre
bases racionales y laicas. Los clásicos del género son los
siguientes, y nos muestran que además de los especialistas
encontramos pensadores de otro orden entre sus autores:
- Historia de Don Bujarrón, portero de los cartujos.
de Gervaise de La Touche
- Teresa filósofa.
del Marqués de Sade
- Erótika Biblion.
de Mirabeau
- Anti-Justine.
de Rétif de la Bretonne
- Los diges indiscretos.
de Diderot
- El Templo de Cnido.
de Montesquieu
- Cándido.
de Voltaire
- Las relaciones peligrosas.
de Cloderlos de Laclos
Pero el autor que superó el género y lo convirtió
en un portentoso reto a la civilización occidental es
Donatien-Alphonse-Francois-Marqués de Sade; antes de hablar
del personaje, he aquí una lista de sus principales obras:
- Justine o los infortunios de la virtud.
- La filosofía en el tocador.
- La nueva Justine o los infortunios de la virtud seguida
de la historia de Juliette, su hermana o la prosperidad del
vicio.
- Los 120 días de Sodoma o la escuela del libertinaje.
- Historia secreta de Isabel de Babiera, reina de Francia.
- Los crímenes del amor.
- Aline y Valcour o la novela filosófica.
El 2 de julio de 1740 nació en París el Marqués de
Sade en una familia que por parte de padre pertenecía a lo
más distinguido de la provincia del Languedoc, y por parte
de madre era aliada “a lo más granado del reino”. Si bien
fue criado en el lujo y la riqueza, las finanzas familiares
no tenían futuro y su padre a pesar de su avaricia no podrá
impedir la ruina. El Marqués dependerá durante su vida de
exiguas rentas y del apoyo de su suegro, el cuál se verá
muy comprometido por los excesos del yerno.
Fue militar en la Guerra de los Siete Años,
demostrando idoneidad y valor mezclados con una disolución
en las costumbres que llama la atención de su familia. Al
terminar la guerra ostenta el grado de Capitán de
Caballería. El Marqués de Sade, a pesar de su condición y
educación, desarrollará su vida fuera de la Corte, un poco
por elección personal y otro por sus problemas económicos.
Su tío, Jean-Francois Paul-Aldonze de Sade fue
vicario general de Toulouse y Narbona y abad comandatario
de Ebrenil, pero además de esto fue también un juerguista
escandaloso durante toda su vida. Era amigo de Voltaire y
cuando decide tomar los hábitos éste le escribe:
“Así pues, ya imagináis
que una vez que el triste nombre
de vicario poseáis
(ya tendréis que renunciar
a amar y a complacer)
Por muy cura que seáis
Señor, Señor amaréis
seáis obispo o pontífice
amaréis y gustaréis;
ese es vuestro ministerio,
amaréis y gustaréis
pues siempre vos triunfaréis
en la iglesia y Citerea”
De él tomará ejemplo el Marqués de Sade uniendo la
religión y el placer en una combinación explosiva:
sacerdotes, monjas, altares y crucifijos pueblan su obra
erótica con intenciones fetichistas y blasfemas. Todo poder
y la religión en especial, son para Sade ridículos
obstáculos que es preciso atropellar. Claro que este
impulso le traerá la desdicha y la cárcel cuando la
transgresión se vuelva intolerable y esto ocurrió a raíz de
su fuga con Anne-Prospere de Launay, hermana de su mujer y
destinada por la familia a la vida religiosa. Es a partir
de éste momento, que la familia política no intercederá más
ante el Rey para obtener la libertad del Marqués luego de
sus escándalos sexuales. Por el contrario, terminarán
pidiendo una “Lettre de cachet” (orden de encierro) al Rey
para tenerlo preso sin proceso legal; la Revolución
Francesa lo liberará para volverlo a la prisión-manicomio
de Charenton donde morirá.
Sade tuvo problemas con su suegra, con la policía y
la justicia con el poder absoluto, el poder revolucionario
y también con el poder imperial napoleónico. Sade desdeña
todo control y freno a su libre interpretación de las
relaciones humanas, metaforiza el exceso transformándolo en
una plataforma de análisis de las relaciones
interpersonales, llegando a mostrar sus equivalencias
disimuladas por el pudor. A este respecto es conocido el
caso del propio Marqués que cuando era Sodomizado por su
criado Latour, llamaba a éste “Señor Marqués”, o sea que le
otorgaba su propia jerarquía social cuando el otro cumplía
una función de penetración activa, posesiva. Su apellido
mismo ya no denota solamente el sadismo sexual, sino que se
ha extendido a todo tipo de dominación extorsiva que
incluya la satisfacción en ejercer el poder de producir
cualquier tipo de dolor.
Las novelas del Marqués fueron editadas y
distribuidas por toda Europa llevando 101 grabados eróticos
de autor desconocido, éste anonimato fue compartido por el
autor, pero rápidamente el Poder supo de quién se trataba y
volvió otra vez a la cárcel. Los grabados ilustrativos no
constituyen una rareza, pues eran comunes en el siglo XVIII
las carpetas de aguafuertes que mostraban el sexo explícito
que la pintura galante sólo insinuaba.
El cuidado que se tenía al firmar un escrito era
debido a las sanciones y a la discrecionalidad de la
justicia ejercida por el Rey. Todavía en 1694, se ahorca a
un impresor por haber difundido comentarios sobre Luis XIV
y Madame de Maintenon; en cuanto a la justicia real Luis XV
la ilustra admirablemente al perdonar al Conde de Charolais
por un asesinato: “Os acuerdo vuestra gracia pero también
la otorgo por adelantado a aquel que os mate.”
Claro que no hay que caer tampoco en presentar a
Sade como a una pobre víctima de la censura. En el
escándalo de Marsella utilizó como afrodisíaco polvo de
cantárida, el cual suministró a sus acompañantes provocando
muerte y enfermedad. La cantárida proviene de un coleóptero
llamado Litta Vesicatoria y tiene un efecto afrodisíaco
porque inflama los órganos genitourinarios, pero a costa de
los riñones, siendo la dosis mortal aquella que supera los
dos centigramos.
Si bien es cierto que sus peores excesos son
solamente literarios, esto es así porque la cárcel redujo
enormemente la posibilidad de llevarlos a cabo.
El Marqués de Sade es una consecuencia de la fiesta
galante, él le quita toda frivolidad y transforma los
juegos amorosos en una afirmación vital y en una vía de
conocimiento y reflexión. El placer, el dolor, el amor, la
desesperación y la locura que emergen en sus obras son
constantes humanas que interaccionando entre ellas
configuran la sociedad.
Los emergentes eróticos:
Giacomo Casanova.
Casanova nació en Venecia en 1725 y murió en el
Castillo de Dux (Bohemia) en 1798. Estos primeros datos son
ya sintomáticos; Venecia en el siglo XVIII ve declinar
irremediablemente su fortuna como República comercial y
marinera, hasta perder su independencia a manos de
Napoleón. La ciudad se convierte, en medio de su crisis, en
una verdadera escuela de la picaresca y en la primera
ciudad turística en el sentido moderno. La aristocracia y
la alta burguesía de toda Europa viajan a Roma, que sigue
siendo el santuario de la antigüedad, pero luego se desvían
a Venecia, donde encuentran el artificio y el capricho. Y
la ciudad se les brinda sabiendo que sólo su seducción
mágica puede encandilar a estos poderosos visitantes y
confirmar una grandeza que ya no existe realmente.
La escuela de pintores urbanistas integrada por
Piazzetta, Canaletto y Guardi debe su fama a la necesidad
de estos turistas, de llevarse un recuerdo, una vista,
una “veduta” para mostrar a la vuelta la magnificencia un
tanto decadente que conservaba Venecia.
Por otra parte, el lugar donde muere Casanova es el
resultado de una vida nómade, que nunca se detuvo y
viajando abarcó toda Europa desde Madrid a San Petesburgo,
Polonia, Austria, Francia, Inglaterra; en todos los
lugares, ciudades y países, las andanzas de este pícaro
tuvieron consecuencias. Casanova fue un falso monje, un
falso noble, un nigromante estafador, embaucador
profesional y artista aficionado. Pero sobre todo su
especialidad, era el dominio acabado de los recursos
sociales necesarios para desenvolverse con habilidad en el
caprichoso teatro Rococó, entendiendo por este a la vida
cortesana, francesa de origen pero europea por adopción en
el siglo XVIII.
Casanova goza su prodigiosa vida en los pliegues de
éste entramado de intrigas, engaños y sensualidad sin
control; aprovechándose de su versatilidad compone comedias
para el Duque de Walstein; compra acciones para el regente
francés; organiza la lotería en Francia; en Bolonia escribe
folletos sobre medicina; en Trieste escribe la historia del
Estado polaco y traduce la Ilíada; en la Corte de la Zarina
de Rusia, aparece como reformador del calendario y
astrónomo sabio; en Curlandia visita las minas,
transformado en químico y en la República veneciana se le
encomienda un nuevo procedimiento para el teñido de la
seda. Estos son algunos de los emprendimientos, hay muchos
más y la mayor parte de ellos terminan en escándalos y
fugas precipitadas. Tendrá problemas con la justicia
sufriendo procesos y cárcel, pero también probará el oficio
de espía y confidente en Venecia.
A pesar de tanto ingenio y empresas variadas, fue
la seducción la que le dio la inmortalidad al punto de
consagrar su apellido como sinónimo del aventurero amoroso.
Casanova disfrutó de sus mujeres y las usó para sus
entuertos, siendo a su vez usado por ellas para los mismos
fines, pues en el ajedrez social que juegan los cortesanos
del siglo XVIII, las reglas son elásticas, todos mueven las
piezas y todos son, a su vez, piezas sobre el tablero.
Fue a causa de la creación de la lotería en Francia
que Casanova, moviendo relaciones interesadas, consiguió la
protección de la Marquesa de Pompadour. Así lo relata en
sus memorias:
“A las doce, madame de Pompadour pasó a las
pequeñas habitaciones con el príncipe de Soubise, y mi
protector me señaló a la gran dama. Esta se acercó a mí
después de haberme hecho una buena reverencia, y me dijo
que la historia de mi evasión la había interesado mucho.
(Se refiere a la fuga de la prisión veneciana llamada “Los
Plomos”).
-Supongo que ahora fijaréis aquí vuestra
residencia, señaló la cortesana.
-Esto sería el colmo de mis deseos, señora; pero
necesito protección, y sé que en este país no se concede
sino al talento. Esto me desanima.
-Pues yo creo, por el contrario, que podéis esperar
mucho, pues tenéis buenos amigos. Aprovecharé gustosa la
ocasión de seros útil.”
El acceso de Casanova a la vida cortesana francesa
fue muy fluido, gracias a los aristócratas italianos que
residían en París, a sus relaciones con los comediantes y
actrices italianas que estaban de moda y sobretodo a la
avidez femenina por las aventuras amorosas. Conoció y
sedujo a la bella señorita O’Murphy, la que luego sería
amante de Luis XV, según él era de origen holandés no
irlandés, era la hermana menor (trece años) de una actriz y
Casanova la hizo retratar desnuda. Un amigo de él quiso
tener una copia de esta pintura y con el tiempo la mostró
en Versailles, llegando a interesar al Rey, quien quiso
conocer a la joven. Haya sido Boucher o Casanova, Luis XV
tuvo a la Morfisa (así se la llamaba) en el Parque de los
Ciervos durante tres años y este episodio es un testimonio
claro de la trama placentera en que coincidían pintores,
aristócratas, actrices, aventureros y cortesanos en general.
Conclusiones.
Ya en este punto es claro que fragmentar la
producción artística del siglo XVIII francés es un error
fundamental. Todos los géneros y disciplinas, desde la
ópera bufa a la porcelana, del mobiliario a la pintura y de
la literatura a la jardinería, coinciden en llevar adelante
un programa en el cual el paradigma de una vida dirigida al
placer sensual, es su objetivo más explícito. La
transformación de las relaciones humanas en un guión
teatral, se debe a la vocación lúdica que tiene la sociedad
europea de este siglo. Todo se vive conscientemente como un
juego, las ataduras morales han caído y la reglas de este
juego evolucionarán rápidamente en manos de los libertinos.
El erotismo es una constante y un emergente del
retorno a la naturaleza que la Ilustración demandaba, que
la Revolución Francesa controlará desde la nueva moral y
que, ya en el siglo XIX, la Revolución Industrial
abandonará proponiendo no ya el retorno sino el dominio de
los recursos naturales, orientándolos hacia la
industrialización y el consumo y provocando los
desequilibrios ambientales que padecemos.
El interés planetario por la ecología y la
conservación que hoy conocemos, nos acerca a la insistencia
de Rousseau en la “vuelta a la Naturaleza”, claro que hoy
sabemos que los pueblos no deben estar ausentes en
esta “fiesta galante” y que el ingrediente más delicioso,
el sexo, se ha vuelto incómodo debido a la llegada de la
peste mortal del SIDA.
Bibliografía:
La Corte de Versailles
Autor: Jacques Levron
Vergara Editores
Estética del Rococó
Autor: Philippe Minguet
Cuadernos Arte Cátedra
Retratos de cortesanas
Autor: Duque de Saint-Simon
Marginales
Tusquets Editores
Casanova
Autor: Lydia Flem
Ediciones de la Flor
Memorias
Autor: Casanova de Seingalt
Editorial Schapire
Yo, Sade
Autor: Rafael Conte
Editorial: Planeta
Guía del Ballet
Autor: Sergio Lifar
Emecé Editores
El Maestro de Danza
Autor: P. Rameau
Colección Ulises
Sade
Autor: Jean Jacques Pauvert
Tusquets Editores
Historia básica del arte escénico
Autores: César Oliva y Francisco Torres Monreal
Ediciones Cátedra.
Chardin
Autor: Etienne Jollet
Edicciones Herscher
La Pintura galante
Autor: J.y F.Gall
Breviarios- Fondo de cultura económica.


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