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Alfredo Benavidez Bedoya

novedades / Cincuenta y tres años

Cincuenta y tres años

Cincuenta y tres años



Cincuenta y tres años.

Todos los que ya no tengo por haber sido en ellos.

Salvo el año en que estoy siendo, al escribirles esto.



Cincuenta y tres años.

Todos bien sufridos y muy bien vividos, salvo uno.

Salvo el que ocupa mi melancolía toda ella reunida.



Cincuenta y tres años.

Todos generosos en viento, en lluvia y en olores.

Salvo el que no obedeció y se durmió todo el año.



Cincuenta y tres años.

Todos dominados por el deseo, el beso y el orgasmo.

Salvo el año que encierra mis fantasías incumplidas.



Cincuenta y tres años.

Todos llenos de familias y de duras peleas familiares.

Salvo el que viviremos para tratar de volver al afecto.



Cincuenta y tres años

Todos enfermos en el odio y curados en el amor.

Salvo aquél donde escondo mis amores desleales.



Cincuenta y tres años.

Todos plenos de errores y de entuertos, salvo uno.

Salvo el que dedico al estudio de la equivocación.



Cincuenta y tres años

Todos ellos dedicados al ejercicio de la voluntad.

Salvo aquél otro donde tiro todas mis decepciones.



Cincuenta y tres años

Todos formando un viaje por la geografía del placer.

Salvo el que me dará el dolor que me falta conocer.



Cincuenta y tres años

Todos ellos detrás de la verdad, con pasión y energía.

Salvo el año de la mentira y del desgano que ella trae.



Cincuenta y tres años

Todos años de trabajo sin ayuda y casi ningún beneficio.

Salvo el año que guarda el placer que el arte supo darme.





Cincuenta y tres años

Todos divididos en las cuatro muy distintas estaciones.

Salvo el que se quiso detener en un bochornoso Febrero.



Cincuenta y tres años

Todos recorridos por la política incomprensible de mi país.

Salvo el año eleccionario donde todos ganaremos por igual.



Cincuenta y tres años

Todos ellos declarados ante la Ley desde mi nacimiento.

Salvo el que me robé para vivirlo al ya no tener otro más.



Cincuenta y tres años

Todos despedidos a sus finales con las fiestas pirotécnicas.

Salvo el que nunca quiso terminarse y lo sigo yo viviendo.



Cincuenta y tres años.

Todos con cine, teatro, sexo, música, pizza, café y vino

tinto.

Salvo el año que lo pasé todo nadando hasta el Lejano

Oriente.



Cincuenta y tres años

Todos dedicados a ser aceptado, pero con mis condiciones.

Salvo el año en el que me expulsaron de los cuatros lados.



Cincuenta y tres años

Todos en el calendario de mi época y en mi reloj personal.

Salvo el que hizo época al romper el reloj en 53 pedazos.



Cincuenta y tres años

Todos iniciados con pujanza y brío, y terminados muy rápido.

Salvo el postrero, el cual exigirá de mí el brío ya

terminado.



Cincuenta y tres años

Todos llenos de los ritos vitales completos hasta el fin.

Salvo el que seguirá a mi muerte y que será de los otros.



Cincuenta y tres años en cifras totales,

que restando los veinte recién salvados,

nos dan exactamente la edad del Cristo.

O sea que deberé cuidarme mucho más.

Porque este año hay unos que pretenden,

al que esto suscribe, por fin crucificarlo.

A los ya hoy declarados,

los cincuenta y tres años,

menos veinte ya salvados.



Alfredo Benavidez Bedoya

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