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Traducción sobre G.Courbet

El Rayo X
ESTUDIOS PARTICULARES DE OBRAS EMBLEMATICAS.
EL ATELIER DE GUSTAV COUBERT
AUTOR: GERARD BARRIERE
Beaux Arts Magazine
Traducción del francés y dibujos: Prof. Alfredo Benavídez
Bedoya
El 22 de junio de 1853, el Emperador Napoleón III firma un
decreto estipulando que la exposición anual de Bellas Artes
de 1854 será pasada al año siguiente para ser expuesta en
la Exposición Universal. Será entonces una manifestación de
seguro suceso. Coubert la espera con fiebre, como siempre
ansioso de ser reconocido por el gran público. Pero el
gobierno sospecha y teme que este “socialista” enviará
obras demasiado provocadoras. Es por eso que, luego de un
almuerzo, el Director de Bellas Artes, Nieuwerkerke, le
hace la proposición de encomendarle una pintura importante
a condición de que el consienta a someter previamente el
boceto ante un Jurado oficial. “Le dejo a usted el pensar
con que furor enfrenté esto”, le escribe Coubert a su amigo
Bruyas. “Respondí inmediatamente que no comprendía
absolutamente nada de todo lo que me acababa de decir,
primero porque el me afirmaba que era parte de un gobierno
y yo no me sentía en absoluto comprometido con dicho
gobierno, que yo también era un gobierno y que desconfiaba
de lo que el suyo quisiera hacer por el mío... Continué
diciéndole que yo era el único juez de mi pintura”
Será un poco después que el comenzará la obra con la cual
pretende responder al insulto: “El Atelier”. Propuesta para
la exposición, ella será rechazada por el Jurado. Nueva
rabia de Coubert: “Me están pasando cosas terribles. Acaban
de rechazar mi último cuadro. “L’Atelier”. Ellos han
declarado que había que hacer lo posible para parar mis
tendencias en arte, pues son desastrosas para el arte
francés”. Es entonces que decide hacer su propia
exposición, levanta un pabellón: “El Realismo”, en la
avenida Matignon no lejos del edificio oficial de Bellas
Artes en la Exposición Universal y expone cuarenta
pinturas. Es la primera rebelión abierta contra la
institución de Bellas Artes, la primera exposición
particular de la historia y un escandaloso Salón del
Rechazo. De la pintura L’Atelier, Delacroix dirá que
es “una de las obras mas singulares de este tiempo”. En
efecto este inmenso cuadro, la última gran “máquina” del
arte del siglo XIX, no deja de fascinarnos, tanto por su
potencia como por sus innumerables misterios.
Hace ya más de un siglo que estamos enredados en conjeturas
en cuanto a la significación precisa de esta obra extraña
cuyo título ya es un enigma: “Alegoría real determinando
una fase de siete años de mi vida artística”. ¿Qué puede
ser una “alegoría real”? ¿Alegoría de qué? Para comenzar,
es necesario partir de una carta que Courbet envía a
Champfleury y en el otoño de 1854 y donde él le describe la
pintura en que esa trabajando:
“En la historia moral y física de mi atelier, primera
parte; se trata de la gente que me sirve, me sostienen en
mi idea, que participan de mi acción. Trata de la gente que
vive la vida, que viven la muerte. Es la sociedad en sus
capas altas, bajas y medias. En una palabra es mi manera de
ver la sociedad en sus intereses y sus pasiones. Es el
mundo que viene a hacerse pintar a mi casa. (...). La
escena transcurre en mi atelier de París. La pintura está
dividida en dos partes. Yo estoy en el medio pintando. A mi
derecha todos los realizadores, o sea mis amigos, los
trabajadores, los amantes del arte. A la izquierda, el otro
mundo de la vida trivial, el pueblo, la miseria, la
pobreza, la riqueza, los explotados, los explotadores, la
gente que vive de la muerte”.
Manifiestamente, estamos entonces, ante un Juicio Final.
Bastante singular por cierto; a la derecha del Pintor-Dios,
los elegidos, “esos que viven la vida”. Podemos reconocer
entre ellos a sus principales amigos, los cuales encarnan
alguna idea: simbolizando la poesía, Baudelaire, un poco
retirado (él apreciaba a Courbet, pero no gustaba mucho
del “realismo”), Proudhon, simbolizando la Filosofía,
Champfleury, la Crítica, Promayet, la Música, Bruyas, el
Mecenazgo. Encontramos también una pareja de “amantes del
mundo del arte”, dos enamorados, y, dibujando en el piso,
un niño que podría ser Emile Desiré Binet, el hijo de
Courbet.
La parte de la izquierda, dedicada a los “rechazados”, a
aquellos “que viven la muerte”, es más obscura. Los
personajes son más numerosos, confusamente mezclados, menos
identificables que los de la parte derecha, y sus
simbolismos son más inciertos. En el primer plano
contemplando a sus pies un sombrero, una guitarra y una
daga, “los espolios del romanticismo”, un cazador que
podría representar a Napoleón III. Detrás de él, un judío,
tal vez Achille Fould, funcionario del Príncipe-Presidente.
Además, de izquierda a derecha un cura rubicundo, un
republicano del 93, vestido de mendigo, un soldado
(¿Garibaldi?), un hércules de feria, un payaso exótico, un
prendero, un enterrador, un obrero, su mujer y su bebé.
Además, al pie de la pintura que realiza el maestro, una
mujer pobre irlandesa, criando a su niño. Justo arriba de
ella un maniquí rojizo evoca una crucifixión y a sus pies
encontramos el cráneo reglamentario envuelto en un
periódico (alusión a la famosa frase de Proudhon: “La
prensa es el cementerio de las ideas”). En el centro, bajo
la mirada de un niño y de uno de sus más bellos desnudos,
Courbet, con su perfil asirio y envuelto en la majestad más
olímpica, pinta un paisaje de su Franco-Condado (costumbre
bastante poco “realista” el pintar un paisaje dentro del
atelier!) e instala, según Delacroix, “un verdadero cielo
en el centro de su pintura”.
¿De qué se trata este mundo? ¿Cuál es el sentido de este
microcosmos personal? ¿Qué pieza representan en ese pequeño
teatro de Gustav Coubert? ¿Una obra política? ¿Una obra
romántica? (El Rey-Pintor, sus modelos y su Corte) ¿Un
manifiesto místico-social? Los “elegidos” del Arte a su
derecha, los “condenados de la tierra” a su izquierda. Pero
¿Por qué puso Courbet entre los reprobados al obrero y a la
pobre irlandesa? ¿Será una simple galería de retratos
sacados de una pobre novela, o tal vez algunos arreglos de
cuentas pendientes? Las tentativas de interpretación más
diversas y más fantasiosas han sido propuestas, incluso hay
quién ha visto en “L’Atelier” una obra masónica. Ninguna de
ellas convence ni llegan a la profundidad de este
sorprendente enigma. Tampoco yo arriesgaré en este juego
peligroso. En el fondo, es lo que deseaba Courbet: realizar
una obra que no sea una de esas alegoría simplistas que se
encumbraban en los Salones, el quiso realizar una alegoría,
sí, pero una “alegoría real”, o sea con el insondable
espesor de lo real, la carne, la luz, el espacio de la
realidad y el peso de la vida. Courbet produce una alegoría
que, como lo real, permanece irreductiblemente rebelde o,
lo que es lo mismo, infinitamente abierta a todas las
interpretaciones analíticas. Una pintura que les mostrará a
los que quieren juzgar y juzgar, que el arte es,
precisamente eso por lo cual se manifiesta el infinito
despliegue de sentidos que ofrece toda presencia, todo
espacio, todo acontecimiento vivo o vivido, todo instante
real. Es una obra que revela también que el Arte es lo que
nos muestra que lo real es también una alegoría, pero
abismal, inagotable, multicolor y refractaria a las
reducciones dogmáticas, a los códigos simplistas y a los
juicios sumarios.
En su carta a Champfleur, Courbet, escribe: “La gente que
quiere juzgar tendrá su obra de arte, ellos se
desenvolverán como puedan. Pues hay gente que se despierta
en la noche gritado a los alaridos: yo quiero juzgar, es
necesario que yo juzgue!”.
“L’Atelier” es tal vez el último “Juicio Final” de la
historia del arte. Y es un juicio contra los jueces.
Carta dirigida por Courbet a Champfleury posiblemente en
otoño 1854
“...me he lanzado a ejecutar un cuadro de gran
tamaño quizás más grande que el Enterrement, que hará ver
que nuevamente no estoy muerto, y que tampoco lo está el
realismo, porque de realismo se trata. Es la historia moral
y física de mi estudio.
Son las personas que me sirven, me sostienen en mi vida,
que participan en mi acción. Son las personas que viven de
la vida y las que viven de la muerte. Es la sociedad toda,
con sus clases altas, sus clases bajas y su medio. En una
palabra, es mi manera de ver la sociedad con sus intereses
y sus pasiones. Es el mundo todo que viene a hacerse pintar
por mi a mi estudio.
“El cuadro esta dividido en dos partes. Yo mismo me
encuentro en el medio, pintando. A la derecha están todos
los hombres de acción, es decir, los amigos, los
trabajadores, los amateurs del mundo del arte.
A la izquierda, el otro mundo, el de la vida trivial, el
pueblo, la miseria, la pobreza, la riqueza, los explotados,
los explotadores, los que viven de la muerte.
En el fondo, contra el muro, cuelgan mis cuadros Le Retour
de la foire y Baigneuses. Además está el cuadro que pinté,
con un mulero y una joven y las mulas cargadas con bolsas
de un paisaje con un molino.
“Voy a enumerar los personajes, comenzando por el
lado izquierdo. En el límite de la tela se encuentra un
judío, que he visto en Inglaterra atravesando la actividad
febril de las calles (posiblemente inspirada en la
descripción incluída en: "Les promenades dans Londres" de
Flora Tristán (1840). Flora Tristán es la abuela de
Gauguin. Ver la nota del Traductor.). Detrás de él aparece
un cura con su figura triunfante en su cara gorda y roja.
Delante de ellos un pobre viejo, un antiguo republicano del
93, que mira a sus pies los desechos románticos. En seguida
un cazador, un segador, un Hércules , un saltimbanqui , un
mercader, la mujer de un obrero, un obrero, un sepulturero,
una calavera sobre un periódico, una irlandesa amamantando
a un niño, un manequí. La irlandesa es también un producto
inglés (posiblemente inspirada en la descripción incluída
en: "Les promenades dans Londres" de Flora Tristan (1840).
Flora Tristan es la abuela de Gauguin. Ver la nota del
Traductor.). "La he encontrado en una calle de Londres.
Toda su vestimenta era un sombrero de paja negra, un
vestido verde todo roto, un mantón negro que le servía para
envolver a un niño que sostenía en sus brazos. El mercader
de ropa preside todo este grupo, desplegando sus oropeles a
esas personas que prestan la más grande atención, cada uno
a su manera. Detrás de él hay una guitarra y un sombrero
con pluma en primer plano.
Segunda parte. Después viene la tela sobre mi
caballete y aparezco yo mismo pintando, mostrando mi perfil
asirio. Detrás de mí una modelo desnuda. Está apoyada sobre
el respaldo, contemplando mi labor; sus vestimentas están
en el piso; además un gato blanco cerca de mi silla.
Aparecen luego Promayet con su violín bajo el brazo tal
como aparece en el retrato que me ha enviado. Detrás de él
Bruyas, Cuenot, Buchon, Proudhon (Me gustaría que el
filósofo, que tiene mi misma manera de pensar, posara para
mí). Luego viene tu lugar –Champfleury. Estás sentado en un
taburete, con las piernas cruzadas y con un sombrero sobre
las rodillas. A tu lado, y más adelante, una mujer de mundo
con su marido vestidos con lujo. Más hacia la derecha,
sentado ante una mesa de una sola pata está Baudelaire,
leyendo en un gran libro; a su lado, una negra se contempla
en un espejo con coquetería. En el fondo del cuadro, en el
alféizar de una ventana, dos enamorados diciéndose palabras
de amor, uno de ellos sentado en una hamaca. Por encima de
la ventana, grandes cortinados verdes de seda. Además,
contra las paredes, algunas placas de yeso, la estatuilla
de una jovencita, una lámpara, vasijas, telas vistas desde
atrás, un biombo y el gran muro mudo".
Teniendo en cuenta esta carta y lo en ella anunciado, no
figuran en la tela, tal como la conocemos, los siguientes
elementos:
- Las pinturas anunciadas para ornar el muro del
fondo: Retour de la foire (1850) y Baigneuses (1853).
- La mayor parte de los objetos que anuncia contra
las paredes. Sólo queda el medallón de yeso y una tela dada
vuelta. En cuanto a la lámpara, debe haber sido cubierta
posteriormente, ya que sí aparece en la caricatura
realizada por Quillenbois y aparecida en L’Illustration del
21 de julio de 1855.
- Tampoco se aprecia la hamaca en la que se apoyaría
uno de los enamorados (sólo se la ve en un examen
radiográfico de la tela).
- La figura de la negra –Jeanne Duval–, fue cubierta
por una delgada capa de pintura y se aprecia como un
grafismo. Posiblemente fue borrada a pedido de Baudelaire
que, por entonces, había roto sus relaciones con ella. En
la crónica de la exposición realizada por Houssaye el 15 de
abril de 1855, señalaba su presencia. Por lo tanto, habría
que concluir que fue suprimida en el curso de la exposición.
En la extensa descripción, Courbet no señaló la presencia
de otras figuras que sí aparecen en la tela, como el niño
que dibuja en el piso, cerca de Champfleury. En el centro,
tampoco anota el aldeanito que contempla el cuadro. Hacia
la izquierda, no parece haber pensado incluir la borrosa
figura que se ha identificado como un labrador, ni la
predominante figura del cazador sentado en primer plano,
denominado el “braconnier”. Los estudios con rayos x han
permitido concluir que su inclusión es posterior a la
resolución total de ese sector, y que se fue pintada con un
empaste grueso para cubrir la figura del viejo
revolucionario que antes aparecía de cuerpo entero. Sin
duda surgió como una necesidad para equilibrar la
composición en relación a la figura de Champfleury y la
pareja de amateur de la derecha.
En cuanto al enorme paisaje mural del fondo, que reemplaza
a los cuadros anunciados pero no pintados – o suprimidos -,
parece ser un agregado posterior. Ningún rasgo de él
aparece en la caricatura señalada anteriormente.
Posiblemente fuera agregado antes de enviar la obra a
Bordeaux, en 1865, o a Viena, en 1873, donde fuera expuesto.
El niño del primer plano fue agregado cuando ya estaba
pintado todo el cuadro que Courbet aparece pintado. La
factura libre con la que fue resuelto permite traslucir
parte del caballete y del paisaje. El gato tuvo que ser
desplazado hacia la derecha al incorporar la figura
infantil.
Como se ve los grupos a izquierda y derecha del artista han
sufrido diversas modificaciones. Los de la derecha son los
más alterados y los cambios son más notorios por ser un
sector donde la materia es mas pobre y permite
transparentar el trabajo previo.
cuadro, dando la espalda a aquellos que él nombra
sus “elegidos”. Los rechazados (rechazados por el mismo o
por la sociedad, es difícil saberlo) no retienen tampoco su
atención, pues están escondidos de su vista por la tela en
que trabaja.
Nota del Traductor:
Inglaterra y especialmente Londres fascinaban a los
revolucionarios y cientistas sociales, pues allí se había
desarrollado la Revolución industrial y se consideraba que
lo que ocurría en Inglaterra, sería el futuro de todos los
países que se incorporaran a la mencionada Revolución. Hubo
en el siglo XIX varios libros dedicados a Londres, algunos
de ellos ilustrados:
1808- “The microcosm of London”, R. Ackermann, William Pyne
y Thomas Rowlandson.
1840- “Les promenades dans Londres”, Flora tristán (abuela
de Gauguin). Libro considerado revolucionario, fue ignorado
por la crítica.
1872- “London a peregrinage”, Blanchard Jerrold ilustrado
con 180 grabados de Gustav Doré. Recibido mal por la
crítica pues argumentaban que se fijaba demasiado en la
pobreza y la disolución social.
Courbet había leído el libro de Flora Tristán, estuvo en
Londres visitando a James Whistler y huyendo seguramente de
algún momento político francés, a su anfritión le robó una
amante irlandesa, a la que hará posar para esa excelente y
erótica pintura llamada “El sueño”, también para un retrato
llamado “La bella irlandesa” y en la pintura “El origen del
mundo” ( que terminó coleccionada por Jacques Lacan), todas
ellas encargadas por un diplomático oriental disoluto, el
cual también le encargó “El baño Turco” a Ingres. Como
vemos Courbet denunciaba la pobreza de las irlandesas pero
al mismo tiempo si eran hermosas, disfrutaba de ellas y se
las mostraba al Turco disoluto.


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